Viena, situada a orillas del Danubio, al pie de las primeras estribaciones de los Alpes, es una de las ciudades más bellas y antiguas de las capitales Europa y cuenta con un importante patrimonio artístico además de ser una de las grandes capitales musicales del mundo.
El turista no puede perderse el Palacio Hofburg, que fue durante más de 600 años el lugar de residencia de los Habsburgo y hoy en día es el monumentos más visitado de Viena; la Ringstrasse, la avenida más importante de la ciudad por donde pasearon su amor el emperador Francisco José I y Sissi o el Palacio de la Ópera.
Praga, por su parte es una cuidad mágica. Desde el barrio del Castillo a la Plaza de la Ciudad Vieja muchos son los visitantes que escogen sus calles para pasear entre pequeñas callejuelas y centenares de puestos ambulantes para detenerse en alguno de los muchos restaurantes, bares o cafés a degustar su cerveza y gastronomía típica.
El corazón de la ciudad tiene un encanto especial y merece la pena tomarse su tiempo para saborear cada uno de los detalles de sus edificios. El antiguo Castillo de Praga, el Callejón de Oro, el Puente Carlos, que conecta las dos orillas de la ciudad dividida por el río Moldava, o la plaza de la Ciudad Vieja, una de las más bellas de Europa cuyos orígenes se remontan al siglo VIII, convierten a Praga en una de las mejores elecciones para viajar en septiembre.
Budapest, capital de Hungría y conocida como «La perla del Danubio», es una de las ciudad más bonitas de Europa. Sus calles están repletas de encanto, sus clásicos edificios y sus largos puentes hablan sobre la historia de una ciudad que hasta 1873 el río dividía en dos, las ciudad de Buda y Pest.
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